Es 1976. Una familia abandona su pueblo, huyendo de un asunto turbio, y se instala en Madrid, en un piso de la calle Manuela Malasaña. Al poco comienzan a percibir que hay algo más habitando en la casa…

Dirección: Albert Pintó. Producción: 4 Cats Pictures, Atresmedia Cine, Bambú Producciones, Mr. Fields and Friends, Warner Bros. Entertainment. Productores: Ramón Campos, Teresa Fernández-Valdés, Mercedes Gamero, Pablo Nogueroles, Jordi Gasull. Guion: Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, David Orea. Fotografía: Daniel Sosa Segura. Música: Frank Montasell, Lucas Peire. Montaje: Andrés Federico González. Decorados: Marta Petite. FX: José M. Meneses (efectos de maquillaje), Marcos Sagasta (ayudante de efectos especiales), Oriol Domènech (editor de efectos visuales), Helios Jiménez Espinosa (compositor digital), Lionel Estivill (supervisor de efectos visuales). Intérpretes: Begoña Vargas (Amparo Olmedo), Iván Marcos (Manolo Olmedo), Bea Segura (Candela Olmedo), Sergio Castellanos (Pepe Olmedo), José Luis de Madariaga (Fermín), Iván Renedo (Rafita), Javier Botet (administrador de la finca), María Ballesteros (Lola), Luis Fernández de Eribe (actor), Concha Velasco, Rosa Álvarez, Pablo Vázquez… Nacionalidad y año: España 2020. Duración y datos técnicos: 104 min. color 2.39:1.

Malasaña

Es lugar común hablar de la fidelidad de los aficionados al cine de terror, que película a película suelen ser devotos al género, y que van a ver todas las películas de la temática. Hay también, por supuesto, directores que aman el terror, y en España podemos citar directores como Paco Plaza, Jaume Balagueró, Miguel Ángel Vivas, Guillem Morales… Son realizadores honestos, sinceros, que tratan el género desde la pasión, y después los resultados pueden ser mejores o peores, dependiendo de las circunstancias que rodeen al producto…

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A todos esos títulos en mente de todo aficionado se suma ahora esta Malasaña 32 (2020), de prometedor planteamiento, pues juega con ese terror en la urbe que ya abordó la magnífica Verónica (2017) de Plaza. Como en esta, se trata de una reproducción de una época más o menos reciente, los años setenta, donde en una finca urbana de un barrio de Madrid comienzan a acontecer hechos sobrenaturales, como esos que se reproducían en tiempos en programas como Cuarto milenio (2005-…). A bordo de esta nave se halla Albert Pintó, un joven barcelonés (nació en 1985) que hace poco ya nos ofreciera una película de terror, ésta en clave de humor, Matar a Dios (2017), codirigida con Caye Casas. Con anterioridad realizó ocho cortos, muchos de ellos en registro de comedia, y algunos de nuevo en colaboración con Casas.

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El guion, escrito nada menos que por cuatro personas, aporta simplemente un cúmulo de referencias. Amén de la más obvia, la ya referida Verónica, también se perciben bastantes alusiones a Poltergeist – Fenómenos extraños (Poltergeist, Tobe Hooper, 1982) e incluso a su secuela, Poltergeist II: El otro lado (Poltergeist II: The Other Side, Brian Gibson, 1986) —por ejemplo, por esa machacona insistencia de sesgo católico—, cierto detallito de Al final de la escalera (The Changeling, Peter Medak, 1980), el tono global de las últimas películas de James Wan, y que tuvieron su arranque con Expediente Warren: The Conjuring (The Conjuring, 2013) e incluso el del reciente cine de terror japonés, cuyo máximo representante podría ser The Ring – El círculo (Ringu, Hideo Nakata, 1998). Todo ello, revuelto en una mixtura tirando a indigesta, saturada de efectismos y carente de un desarrollo de personajes ni con preocupación por ubicarlos en su entorno histórico y geográfico, más allá de aludir a Galerías Preciados o poner canciones de Julio Iglesias —apabullante y peligroso inicio, poner “La vida sigue igual” para la escena de créditos inicial— o Raphael.

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Unido a ese guion facilón en sumo grado, aunque se intente aparentar complejo escondiendo información, así como determinadas incongruencias y trampas de guion, se trasluce un poso reaccionario a todo el conjunto, donde la moraleja implícita parece ser que todo pecado ha de ser castigado por encima de todo, así la relación del matrimonio protagonista, o el causante de todo, con su forma de vivir que se presenta como algo anormal. Por lo demás, la realización es notoriamente gris, y el tono de supuesto terror se manifiesta saturando el film de golpes de sonido, una y otra vez, donde inclusive el hecho de descorrer una cortina resulta atronador. Aparte de eso, no hay atmósfera, no hay sentido de inquietud, y todo se desarrolla de un modo cansino y mil veces visto.

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En el aspecto positivo, resaltemos una fotografía con potencia, una música que logra proporcionar la atmósfera que la puesta en escena no consigue, y un plantel de actores y actrices bastante competentes, donde inclusive los jovencitos están bien, algo poco habitual en este tipo de productos. Aunque cabe resaltar, por encima de los demás, una Concha Velasco que cambia de registro de un modo asombroso, y que resulta inquietante, en especial en su primera aparición, donde todo queda en la incertidumbre. Después, cuando se subraya demasiado, parte de esa inquietud se desmorona, algo implícito en cualquier momento en el film. En cualquier caso, leo que está teniendo éxito comercial. Me alegro, aunque los aficionados al terror nos podamos sentir decepcionados con los resultados.

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Anécdotas

  • Título internacional: 32 Malasana Street.
  • El número 32 de la calle Malasaña no existe, pues esta acaba en el número 30.
  • Estrenada en España el 17 de enero de 2020.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: *

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra