Marta está obsesionada con su hijo Daniel y muestra un profundo desprecio hacia su marido, Guillermo. El motivo es que el hermano de Marta murió enloquecido, y su madre está internada en un manicomio. Ahora, ella teme que el legado de la locura sea trasladado al muchacho.

Dirección: Roberto Gavaldón. Producción: Cinematográfica Grovas. Productor: Jesús Grovas. Guion: Edmundo Báez, Roberto Gavaldón, según la obra teatral de Rodolfo Usigli (1936). Fotografía: Gabriel Figueroa. Música: Raúl Lavista. Montaje: Gloria Schoemann. Diseño de producción: Manuel Fontanals. Intérpretes: Dolores del Río (Marta), Pedro López Lagar (Guillermo Estrada), Eduardo Noriega (Mauricio de la Torre), Alejandro Ciangherotti (Daniel), Miguel Ángel Ferriz (doctor), Lupe Inclán (Jacinta, la sirvienta), Tana Lynn (prostituta), Carlos Riquelme (profesor), Hernán De Sandozegui, Nicolás Rodríguez (doctor), Álvaro Matute (compañero de trabajo de Guillermo), Ricardo Merino, Eliane Bancet, Olga Darson (cancionera), José Dupeyrón (hombre bailando en el cabaret), Salvador Lozano (empleado del manicomio)… Nacionalidad y año: México 1953. Duración y datos técnicos: 111 min. B/N 1.37:1.

 

poster

De nuevo cabe lamentarse del desconocimiento generalizado que existe sobre la obra de Roberto Gavaldón, una de las grandes figuras del cine mexicano, y que, si acaso, es aclamado por su película Macario (Macario, 1960), pero el resto de su filmografía es manifiestamente desconocida, pese a contar con joyas como La diosa arrodillada (La diosa arrodillada, 1947), Rosauro Castro (1950), En la palma de tu mano (1951), El rebozo de Soledad (El rebozo de Soledad, 1952), La escondida (La escondida, 1956) o Días de otoño (1963)[1], por citar algunas de las que conozco. Recientemente, la Filmoteca Nacional de España ha programado un ciclo sobre su obra, en colaboración con la Cineteca Mexicana, que ha restaurado parte de su filmografía, y ha editado un libro dedicado a él. Son los primeros pasos para la justa apreciación de un cineasta que merece mayor mérito.

foto1

El niño y la niebla es una obra teatral que Rodolfo Usigli escribió en 1936, pero que no se estrenó hasta 1951, momento en el cual, curiosamente, logró un enorme éxito, a tal punto que Gavaldón decidió rodar una adaptación. La obra teatral se ambientaba en Durango, en 1920, y aquí se traslada a Poza Rica, en Veracruz, en un entorno de exploración petrolera, que la fotografía del grandioso Gabriel Figueroa retrata con majestuosidad. Allí vive Marta (una apabullante Dolores del Río), que venera a su hijo Daniel (el muchacho de trece años Alejandro Ciangherotti, que saca adelante un personaje muy complicado con notoria habilidad), al mismo tiempo que desprecia a su marido Guillermo (el madrileño Pedro López Lagar, que hace una creación magnífica[2]).

foto2

Poco a poco vamos descubriendo que el hermano de Marta murió enloquecido, y su madre está internada en un manicomio, donde ha estado a punto de morir al provocar un incendio. Durante mucho tiempo Marta se negó a tener hijos, y cuando al fin Guillermo la convence, comienza a despreciar a su marido por el hecho de arriesgar la posible futura salud mental del chico. El muchacho, por su parte, vive en un tira y afloja constante entre sus padres: ella procura que lleve una vida normal, que salga con sus amigos, mientras que él acepta que sea un chaval reservado y prefiera estudiar. Tal vez por ello, por la tensión que le originan esas presiones, padece terrores nocturnos —las ramas de los árboles, iluminadas por el fuego de los campos petrolíferos, arrojan sombras movientes en el techo de su habitación que lo obsesionan— y además es sonámbulo. De igual modo, siente cierta fascinación por el fuego: nada más empezar la película ha comenzado un incendio en los campos y él insiste en ir a verlo, no queda claro si por esa obsesión por el fuego —“es mi primer incendio”, refiere—, que hace a Marta pensar en su madre, o por preocupación por su padre, que está inmerso en el evento. Marta, mientras, se dedica a bordar tranquilamente.

foto3

De hecho, su afición a bordar posee gran significación en el film. Como todos sospechamos desde el inicio, esa supuesta locura que proyecta sobre su hijo está tejiendo una fina telaraña en la propia psique de la mujer. La vemos bordar en diversas ocasiones, y esos momentos están conectados de alguna manera con determinados traumas que la acosan; de hecho, hacia el final, cuando tenga un acceso definitivo, menciona a una araña tejiendo su tela, y al girarse ve una en un rincón del techo, no se sabe si real o producto de su locura.

foto4

Pese a estar basada en una obra teatral, apenas se percibe ese origen, y aunque es lógico que la mayor parte de la acción se concentra en la casa hay ocasionales escapadas a los campos petrolíferos, al lago cercano o al pueblo donde viven los obreros, en el cual Guillermo tendrá un conato de relación con una prostituta. También tenemos un largo flashback que muestra a Marta con un antiguo amor, Mauricio (un sobrio Eduardo Noriega[3]), y en el cual los vemos en un baile de máscaras, donde ella queda espantada ante una enigmática figura de alguien que viste con infinidad de rostros; ante la pregunta de ella, él le contesta que el disfraz representa a la locura. En el clímax final, ella se mirará en el espejo y verá esa imagen como reflejo.

foto5

La película podría considerarse, ante todo, un melodrama, con ciertos elementos de cine negro y de terror, donde el hálito de la locura mueve las alas constantemente sobre los personajes. La soberbia fotografía aprovecha las sombras para aportar una planificación expresionista, y Gavaldón utiliza los encuadres para encerrar a los personajes en ellos, así el plano de María Félix en lo alto de la escalera, con los travesaños de la barandilla cercándola, como si estuviera aprisionada. Aunque una belleza especial aportan las imágenes en las cuales la vemos a ella o al chaval a través de la celosía de la puerta, envolviéndolos en una bruma, una niebla.

foto6

Esta trama dramática con el tema de la locura de fondo corre el riesgo de convertir todo en una risible pantomima, pero Gavaldón controla férreamente los elementos, aportando equilibrio a todos los instantes. Los excesos de melodrama, lejos de sacar de situación, logran introducir al espectador en un ambiente desquiciado donde la interpretación de Dolores del Río aporta una dimensión casi sobrenatural, con una expresividad inaudita en sus ojos inmensos. En el aspecto atmosférico hay que destacar los instantes en que Daniel aparece en estado de sonambulismo, o los desequilibrios de Marta, como cuando ve el piano tocando solo —Gavaldón coloca la cámara cabeza abajo en esos instantes— o los de la crisis final, donde aprovecha la citada celosía de la puerta o los encuadres forzados para expresar la distorsión de la realidad. El niño y la niebla es una apabullante obra maestra que es una lástima sea tan poco conocida.

foto7

 

Anécdotas

  • Ganadora en 1954 del Ariel de Oro a Roberto Gavaldón, y del Ariel de Plata en las categorías de director, actuación femenina (D. del Río), actuación infantil (A. Ciangherotti), fotografía, guion, montaje y escenografía (diseño de producción). Y además fue candidata por la música.
  • En 1954 la película participó en el festival de Cannes.
  • Rodada en las localidades de Poza Rica y Tuxpán, en Veracruz (México).
  • Estrenada en México el 24 de diciembre de 1953. En España se exhibió en Madrid el 15 de diciembre de 1954, en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe, dentro de una “Semana Mejicana”, aunque no puede considerarse un estreno comercial.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: *****

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

foto8

[1] Comprobará el lector que, en algunos casos, repito el título entre paréntesis, y en otros no. Las películas que tiene citado dos veces el títulos son aquellas que me consta han tenido estreno comercial en España, de ahí que aporte título en nuestro país, y el original (que son los mismos), para así distinguir esas películas de las que no han sido estrenadas.

[2] De vez en cuando se le escapa el acento español o el argentino, pues estuvo afincado en este último país sudamericano, donde moriría en 1977.

[3] Por supuesto, con ninguna relación con el actor español de igual nombre. El actor mexicano nació en 1916 y murió en 2007, y su filmografía alcanza casi 140 películas, que comienza con La liga de las canciones (Chano Urueta, 1941) y finaliza con Reclusorio (Ismael Rodríguez, 1997). También trabajó en el cine norteamericano —Estos zorros… locos locos locos (Zorro: The Gay Blade, Peter Medak, 1981)—.