Macario vive en una cabaña junto a su mujer y sus cinco hijos. Trabaja cortando leña y vendiéndola en el pueblo, mientras su mujer se dedica a lavar ropa. La familia pasa mucha hambre. Macario un día dice que le encantaría comerse él solito un pavo, sin compartirlo con nadie, así que su esposa roba uno, lo cocina y se lo da para cuando sale a cortar leña. Cuando intenta comérselo, se le irán apareciendo sucesivamente el Diablo, Dios y la Muerte.

Dirección: Roberto Gavaldón. Producción: Clasa Films Mundiales. Productor: Armando Orive Alba. Productor ejecutivo: José Luis de Celis. Guion: Emilio Carballido, Roberto Gavaldón, según el relato “The Third Guest” de B. Traven. Fotografía: Gabriel Figueroa. Música: Raúl Lavista. Montaje: Gloria Schoemann. Dirección artística: Manuel Fontanals. FX: Juan Muñoz Ravelo (efectos especiales). Intérpretes: Ignacio López Tarso (Macario), Pina Pellicer (esposa de Macario), Enrique Lucero (La Muerte), Mario Alberto Rodríguez (Don Ramiro), José Gálvez (El Diablo), José Luis Jiménez (Dios), Eduardo Fajardo (virrey), Consuelo Frank (virreina), Celia Tejeda (Chona),  José Dupeyrón, Pepé y sus Marionetas, Luis Aceves Castañeda (verdugo), Miguel Arenas (inquisidor), Alfredo Wally Barrón (Don Alfredo, panadero), Queta Carrasco, Felipe de Flores, Alicia del Lago, Manuel Dondé, Elizabeth Dupeyrón, Enedina Díaz de León, Lidia Franco, Mario García González, Enrique García Álvarez, Leonor Gómez, Sonia Infante, Salvador Lozano, Concepción Martínez, Ángel Merino, Inés Murillo, José Carlos Méndez, Manuel Noriega, Francisco Pando, Alicia Reyna… Nacionalidad y año: México 1960. Duración y datos técnicos: 91 min. B/N 1.37:1.

Macario

Roberto Gavaldón es uno de los grandes directores de la cinematografía mexicana, aunque su fama se ha visto eclipsada a favor de otros como Emilio Fernández el Indio. Gavaldón tocó muchos géneros, si bien destacó en especial en el cine negro y el melodrama y, también el de temática social sobre campesinos oprimidos. Dentro de esta última variedad destacan títulos como El rebozo de Soledad (1952), La escondida (1956) o Rosa Blanca (1961). En ese contexto, Macario (1960) se identifica a la perfección dentro de esa corriente de la obra del realizador de Días de otoño (1962), pues muestra las miserias del campesinado mexicano mientras las élites lo humillan. Este film transcurre durante la celebración del Día de Muertos, cuando la costumbre impone que se dispongan grandes banquetes con destino a los fallecidos, a tal punto que evidenciamos cómo los muertos comen mejor que muchos vivos.

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La acción tiene lugar en la época del Virreinato de la Nueva España, integrante del Imperio español, del siglo XVIII, y muestra el hambre que pasa un pobre campesino, Macario, junto a su esposa y sus cinco hijos. Cuando le llega la oportunidad de comerse él solito un guajolote (un tipo de pavo característico de México) se verá importunado progresivamente con la presencia del Diablo, Dios y la Muerte. El Diablo se le aparece con la apariencia de un rico hacendado, vestido de negro, con espuelas de plata y una brillante abotonadura de oro en los pantalones. Dios tiene el aspecto de un pobre ermitaño. Y la Muerte semeja un campesino, con un sarape[1] negro, sombrero de palma y calzón de manta, y un rostro que refleja una decrepitud extrema. Los tres le piden a Macario que comparta su comida, pero este solo accederá al requerimiento de la Muerte.

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Esta parábola moral está basada en un relato escrito por el enigmático B. Traven ―a quien Gavaldón también adaptó en las citadas y también excelentes Rosa Blanca (1961) y Días de otoño (1962)―, que a su vez es una variación del cuento de los hermanos Grimm “La muerte madrina” (“Der Gevatter Tod”, 1812), y que, en todo caso, ofrece ciertas variaciones con respecto al relato original. Recuerda un tanto a un clásico cinematográfico como La Muerte de vacaciones (Death Takes a Holiday, Mitchell Leisen, 1934), por el hecho de que, durante algún tiempo, determinados personajes no morirán por decisión de la Muerte ―de hecho, en Italia Macario se tituló Morte in vacanza―. Y también viene a representar una especie de precedente de La escalera de Jacob (Jacob’s Ladder, Adrian Lyne, 1990), en lo que concierne a esa realidad alternativa que se crea en torno a Macario, y que no sabremos si es una premonición aleatoria o una ensoñación febril.

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La película, como es lógico, se beneficia de la portentosa fotografía que le aplica el genial Gabriel Figueroa, un habitual en la filmografía de Gavaldón, y que administra un tono preciosista a una planificación saturada de exteriores. Hay que destacar de manera especial la escena en la caverna de la Muerte, rodada en las Grutas de Cacahuamilpa, donde la iluminación a base de velas, que representan las almas de las personas, otorga una atmósfera fantasmagórica y mágica a un mismo tiempo. Contrasta esto con las tomas en las mazmorras de la Inquisición, de un tenebrismo que remite a las pinturas negras de Goya.

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Punto aparte merece el protagonismo de dos artistas increíbles como son Ignacio López Tarso, habitual en la filmografía del autor, y que se transmuta en cada uno de sus papeles, así como la trágica Pina Pellicer, que volvería a repetir con Gavaldón en la referida Días de otoño. Macario, de esta manera, se manifiesta como una de las grandes obras maestras del cine mexicano de todos los tiempos, así como una joya del cine fantástico muy poco conocida hoy en día, y que merecería más atención de la que se le presta.

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Anécdotas

  • En 1960, el San Francisco International Film Festival concedió a Ignacio López Tarso el premio Golden Gate a mejor actor. También se le otorgó el premio Diploma al Mérito en el Festival de Edimburgo. Igualmente entró a competición en el Festival de Cannes, donde fue premiada a la mejor fotografía. En 1961, en Valladolid obtuvo el premio del Instituto Ciudad de Valladolid, placa de plata y pergamino. En 1963, el Círculo de Escritores Cinematográficos de España le otorgó el premio CEC a mejor película hispanoamericana. En Santa Margherita Ligure (Italia) ganó el premio Copa de Plata.
  • Rodada en los estudios Churubusco Azteca, de México capital, así como en las Grutas de Cacahuamilpa, en Guerrero, las Lagunas de Zempoala, en Morelos, y las localidades de Puebla (en Puebla) y Taxco (en Guerrero), entre el 7 de septiembre y el 9 de octubre de 1959.
  • Primer film mexicano candidato a los Oscar de Hollywood.
  • Macario ocupa el puesto nº 59 dentro de la lista de las cien mejores películas del cine mexicano, según la opinión de veinticinco críticos y especialistas del cine en México, publicada por la revista Somos en julio de 1994.
  • Estrenada en México el 9 de junio de 1960. En España se estrenó el 5 de marzo de 1962, en Madrid.

 

Bibliografía

“Macario”, por B. Traven; traducción de J. Marieges. En Entre tinieblas. Barcelona: Géminis, 1969. Colección: Narraciones Géminis de Terror; nº 19. Traducción de: “The Third Guest” (1950).

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: *****

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] El sarape es parecido a un poncho, y es lo que llevaba Clint Eastwood en las películas de Sergio Leone.