Después de un intento de robo en una joyería, un grupo de hombres es perseguido por la policía, y en el tiroteo el jefe es herido en la cabeza. La única forma de salvarle la vida es hacerle un trasplante de cerebro…

Dirección: Juan Fortuny. Producción: Eurociné, Europrodis, Producciones Miguel Mezquíriz. Productor: Antonio Liza. Productor ejecutivo: Marius Lesoeur. Guion: Juan Fortuny, Marius Lesoeur [sin acreditar], H. L. Rostaine [sin acreditar]. Música: Daniel J. White. Fotografía: Raymond Heil. Diseño de producción: Juan Alberto Soler. Intérpretes: Paul Naschy [Jacinto Molina] (Jack Surnett), Ricardo Palmerota [acreditado como Richard Palmer] (profesor Teets), Carlos Otero (doctor Ritter), Olivier Mathot (Henry), Silvia Solar (Ana), Víctor Israel (Karl), Evelyne Scott (Barbara), Richard Kolin (Willy), Gilda Arancio [acreditada como Gilda Anderson] (Ingrid), Claude Boisson [acreditado como Yul Sanders] (Paul), Roberto Mauri [Robert Maurin] (el sádico), Guy Verda (Marcel), Jaume Picas (criado), Monique Gérard (la vendedora de flores), Antonia Lotito (Emmy), Jean Roville, Cesar Ojinaga, Pierre Biet, Muriel Renaud, Alain Hardy, Marius Lesoeur… Nacionalidad y año: España, Francia 1976. Duración y datos técnicos: 87 min. Color 1.85:1.

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El cine de ciencia ficción se suele codear con otros géneros creando mixturas sorprendentes. Este caso se puede aplicar a la presente película, aunque el elemento fantástico sea un tanto superfluo y se centre más en una trama criminal con un intento forzado e irresoluto de trasladar los esquemas de la ficción científica a las coordenadas del polar francés. La idea a priori es interesante y muy pulp: a un ladrón le trasplantan parte del cerebro de su peor enemigo y, poco a poco, su personalidad se va transformando, adquiriendo la de su contrario. Esta trama en buenas manos hubiese deparado una estupenda historia, pero en las de Juan Fortuny no es más que una cinta mediocre y arrítmica.

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El principal fallo es un guion nada trabajado, que plantea elementos que poco contribuyen a la trama (esa vendedora de flores) y olvida los más obvios, siendo el hecho principal que en ningún momento vemos al personaje de Naschy mostrar su verdadera personalidad. La mayoría de las veces oímos a los demás halagar al hombre por lo que ha hecho por ellos, pero en realidad el espectador no puede apreciar cómo era antes de la operación; es más, Paul Naschy se pasa gran parte de la cinta tumbado o sin decir una sola palabra. La película en realidad no narra nada, ya que en su mayoría solo vemos a los actores ir de aquí para allá recorriendo París, o bien persiguiendo a alguien o intentando hallar un cerebro para Naschy. Se tarda más de cuarenta minutos para que los personajes encuentren al científico y pueda hacer la operación, y durante ese tiempo hemos visto a los ladrones deambular por todos los lados y al supuesto protagonista herido y sin intervenir (argumentalmente).

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Después seguimos con más de lo mismo: buscar un donante, un número de baile para rellenar, unas peleas, un poco de tortura y el personaje de Jacinto Molina con cables en la cabeza… Mientras, lo más importante queda sin matizar: nunca llegaremos a conocer la personalidad de Surnett antes del evento, por lo cual cuando despierta tras la operación no podremos contraponer ambas personalidades para percibir el cambio; además, el donante involuntario, apodado El Sádico, tampoco da muestras excesivas durante las escenas en que lo vemos vivo de la motivación de tal sobrenombre. Es decir, lo más importante de la película, y aquello que la otorgaría verdadero sentido para su elaboración, es lo que en ningún momento se llega a mostrar, ni siquiera a plantear.

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La realización de Fortuny es plúmbea y con nulo ritmo, sin saber aportar nada de emoción al conjunto; hasta el secuestro de la niña parece una excursión al campo por lo poco que afecta a los padres, quienes a su vez parecen poco dispuestos a llevar a cabo la operación con un humano, cuando debería ser una oportunidad para saber si sus experimentos funcionan: los animales poca información les podrían aportar salvo la de sobrevivir. Otro elemento del científico “loco” está directamente sacado de la película de Terence Fisher Frankenstein and the Monster from Hell [vd/tv/dvd: Frankenstein y el monstruo del infierno], de dos años antes: aquí el científico, al igual que Peter Cushing en el clásico de la Hammer, tiene las manos inutilizadas y es su mujer quien opera por él. Además, el dilema del operado que tras la intervención tiene dudas sobre su personalidad está tomado de la entrega hammeriana previa sobre la creación de Mary Shelley, El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, 1969).

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Las ratas no duermen de noche es un film desastroso que no aporta nada al cine fantástico español, con actores desaprovechados (Paul Naschy debió ser contratado por días, haciendo su trabajo y olvidándose del tema), y con una idea que daba para más, y que el guionista y director no supo sacar adelante dado su escasa capacidad cinematográfica.

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Anécdotas

  • Títulos franceses de co-producción: L’homme à la tête coupée / Le viol et l’enfer des X.
  • Títulos anglosajones: The Man with the Severed Head / Crimson / Crimson, the Color of Terror / Crimson, the Color of Blood.
  • Estrenada en España el 4 de agosto de 1975, en Barcelona, en el cine Capitol, no habiendo constancia de su estreno en Madrid. En Francia se estrenó el 19 de septiembre de 1976.

Luis Alboreca (Madrid. España)

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