Jack es un arquitecto que está intentando construirse la casa perfecta, pese a que, por un motivo u otro, no acaba de resultar como él desea. Paralelamente a ello es un asesino en serie que se entretiene en matar hombres, mujeres y niños, en un itinerario que parece no tener fin.

Dirección: Lars von Trier. Producción: Zentropa Entertainments, Centre National du Cinéma et de l’Image, Copenhagen Film Fund, Eurimages, Film i Väst, Film- und Medienstiftung NRW, Nordisk Film- & TV-Fond, Concorde Filmverleih, Danmarks Radio, Les Films du Losange, MEDIA Programme of the European Union, Nordisk Film Distribution, Potemkine, Sveriges Television, Danish Film Institute, Swedish Film Institute. Productora: Louise Vesth. Co-productores: Jonas Bagger, Bettina Brokemper, Madeleine Ekman, Lizette Jonjic, Tine Grew Pfeiffer, Marianne Slot. Productores ejecutivos: Piv Bernth, Tomas Eskilsson, Thomas Gammeltoft, Peter Aalbæk Jensen, Leonid Ogarev. Productor asociado: Lasse Mucha Andersen. Guion: Lars von Trier, según argumento de Lars von Trier y Jenle Hallund. Fotografía: Manuel Alberto Claro. Música: Kristian Eidnes Andersen (arreglador/orquestador). Montaje: Jacob Secher Schulsinger, Molly Malene Stensgaard. Diseño de producción: Simone Grau Roney. FX: Love Larson (diseño de efectos de maquillaje y prótesis), BUF, TGB VFX (efectos visuales). Intérpretes: Matt Dillon (Jack), Bruno Ganz (Verge), Uma Thurman (Lady 1), Siobhan Fallon Hogan (Lady 2), Sofie Gråbøl (Lady 3), Riley Keough (Simple), Jeremy Davies (Al), Jack McKenzie (Sonny),  Ed Speleers (Ed, oficial de policía 2), David Bailie (S. P.), Mathias Hjelm (Glenn), Ji-tae Yu, Emil Tholstrup, Marijana Jankovic, Carina Skenhede, Rocco Day, Cohen Day, Robert Jezek, Osy Ikhile, Christian Arnold, Johannes Kuhnke, Jerker Fahlström, Robert G. Slade… Nacionalidad y año: Dinamarca, Francia, Alemania, Suecia 2018. Duración y datos técnicos: 152 min. Color-B/N 2.39:1-1.33:1-1.85:1.

 

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“This is the House That Jack Built” es una rima infantil británica, un tanto al estilo de la española “Estaba la rana cantando debajo del agua”, donde se estructura una progresión matemática añadiendo términos a la fórmula, diríase. Por supuesto que el título referido, o más bien su versión un tanto simplificada, “The House That Jack Built”, ha servido para la creación de muy distintas obras artísticas de distinta raigambre en el mundo anglosajón, y el danés Lars von Trier la ha aprovechado para esta película que, aun siendo una coproducción entre Dinamarca, Francia, Alemania y Suecia, se ha rodado en inglés y se ambienta en Estados Unidos, no tanto por un criterio comercial —que también, que no es tonto— como porque una trama como la que presenta resulta muy coherente con el comportamiento norteamericano, tanto por la facilidad que tiene el protagonista para adquirir armas como por reflejar un modo de vida circunscrito a la violencia.

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La casa de Jack entrega también una estructura similar a la de esa canción, donde a las piezas iniciales se van sumando otras para establecer un todo. Sirva ello para la tentativa de Jack de construirse una casa ideal, y que no termina de cristalizar —y que erige de diversos materiales, para luego irla demoliendo, como en una versión peculiar del cuento “Los tres cerditos”— como en su recorrido criminal. Para esto último Von Trier investigó el comportamiento de diversos asesinos en serie reales, y ambienta la película en el estado norteamericano de Washington, entre inicios de los años setenta y mediados de los ochenta del pasado siglo, otorgándole un tono documentalista, para lo cual hace un uso constante de la cámara en mano, que sirve como elemento de narración vigoroso y nervioso.

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Analizando la película desde una perspectiva meramente de cine de psychokillers, podría decirse que adquiere una tonalidad que podría recordar a un título como Henry, retrato de un asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, John McNaughton, 1989), en lo que a textura visual y aridez narrativa se refiere. La excelente fotografía del chileno Manuel Alberto Claro —habitual en la filmografía del danés— confiere un espectro cromático a las imágenes que las enaltecen, en especial en la última parte, cuando la narración alcanza otro rumbo muy diferente. Retornando, pues, a la etapa inicial, donde la película podría definirse como una crónica criminal más o menos al uso, Von Trier parece intentar violentar la belleza de las imágenes, por un lado, por la referida cámara inquieta que lo indaga todo —el desenfoque también es uno de los mecanismos narrativos que emplea—, y por otro lado por la propia dureza de algunas de las situaciones, que provocó el abandono del cine de muchos espectadores y críticos durante su paso por el Festival de Cannes.

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 Desde el mismo inicio del film, a esa narración un tanto estandarizada se superpone otra, en off, donde Jack (un pletórico Matt Dillon) está refiriendo lo que acontece a quien después identificaremos como Verge (un siempre espléndido Bruno Ganz). Así, entre los diversos episodios que se nos narran, o intercalado entre ellos, tenemos ciertas reflexiones que efectúan ambos personajes; Von Trier, de ese modo, da voz a Jack, un personaje carente de empatía emocional para con el resto de la humanidad, y que se rige por sus impulsos más egoístas; Verge, por su parte, vendría a representar la conciencia del propio espectador, y subraya en cierta manera las reacciones que el director se imagina que va a tener, a veces con un tono muy irónico. E incluso el propio Von Trier se presenta narrativamente en el film, ofreciendo planos de diversas películas suyas; obsérvese el discurso que, en ese instante, clama Jack, y que se podría identificar como el propio realizador. Y existen ciertos elementos que se presentan de un modo cíclico, como ese plano perenne y machacón del pianista Glenn Gould, que viene a representar la obsesión del propio personaje principal.

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La ironía es, precisamente, otra vía narrativa que emplea para volcar su discurso el director de Melancolía (Melancholia, 2011), aunque no puede decirse que estemos ante una comedia en el stricto sensu. Hay también instantes en que se plantea una situación que se exterioriza en dos ópticas simultáneas, una de ellas, la más directa e inmediata, grave y hasta hiriente para algunas sensibilidades, y otra más subterránea invadida de esa referida ironía —recuérdese el escándalo provocado, años atrás, también en Cannes, cuando hizo una desafortunadas declaraciones pronazis, y que aquí parece aludir con algunos planos de archivo de Hitler, restregándoselo por la cara, en cierta manera, a quienes en aquel entonces participaron de la polémica—.

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La parte final varía el tono estético-narrativo del film, suponiendo, literalmente, un descenso a los infiernos del protagonista, y donde Von Trier vuelca su habitual tendencia esteticista, muchas veces centrada en reproducir en sus imágenes obras maestras concretas de la pintura. Aquí, dado el planteamiento, tenemos las diversas ilustraciones que se harían para el Infierno de Dante, o hasta La Barque de Dante de Eugène Delacroix, en un momento sencillamente arrebatador. Como arrebatadora es toda la película, en una obra poliédrica que, a medida que se analiza, se comprueba con más y más capas de lectura. Es como los versos de “This is the House That Jack Built”: a medida que transcurre se incorporan más y más elementos.

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La Barque de Dante de Eugène Delacroix

 

Anécdotas

  • Inicialmente, La casa de Jack se anunció en septiembre de 2014 como una mini-serie televisiva en ocho partes.
  • La rima infantil “The House That Jack Built” ya la citó Von Trier en su película El elemento del crimen (Forbrydelsens element, 1984), con la cual además tiene más puntos de contacto.
  • La película tuvo su premier mundial en el festival de Cannes, el 14 de mayo de 2018.
  • La versión de estreno norteamericana está censurada en cinco minutos.
  • Exhibida en España en los festivales de Sitges y de Sevilla, con anterioridad a su estreno.
  • Estrenada en Francia el 17 de octubre de 2018; en Alemania y Dinamarca se estrenó el 29 de noviembre; en España el 25 de enero de 2019.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

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